10 abril 2017

El velo es necesario para todas las mujeres

Me cuenta la fotógrafa yemení Boushra Almutawakel (Saná, 1969) que los días siguen siendo inciertos en su país, en su ciudad natal. En las calles, la rutina ha vuelto a instalarse con su habitual ajetreo, pero los continuos sucesos violentos en tiempos que aún se dicen de paz no dejan que la inquietud se apee de las caras de los adultos. Atentados terroristas de Al Qaeda (el último, el pasado 19 de julio); rebelión de jefes militares que se oponen al Gobierno; ataques de los rebeldes huthis (rama zaidí del Islam que a su vez procede del chiísmo y es contraria al salafismo); secuestros, como el de un agente de seguridad de la Embajada italiana el pasado 29 de julio...

Aunque hace ya meses que cesaron los bombardeos y disparos de la celebrada Primavera Yemení, y a pesar de que la población reclama una solución urgente para la pobreza del país, más que reivindicaciones políticas, aún silban balas y corre la sangre de civiles y militares. La pobreza es el caldo perfecto para el integrismo y extremistas de Al Qaeda en fuga se han instalado en zonas del sur que, durante la revolución, pasaron del control del Gobierno yemení a manos de las milicias islamistas. La inestabilidad militar de un país que se quiere ejemplo político para Siria (o, al menos, así lo propone la política exterior estadounidense) podría amargar el dulce a la diplomacia internacional.

Tras varias guerras civiles, Yemen alcanzó su estatus de república unificada en 1994. Sin embargo, la contienda ha sido una constante para la población de este país desde casi siempre, al oscilar entre la independencia y la sumisión a Egipto, Imperio Otomano, Portugal, Arabia Saudí, Gran Bretaña... Por no hablar de las frecuentes guerras internas. Así, una región considerada una de las cunas de la Humanidad, que fue la rica Saba, centro mundial del comercio de especies, y cuyo subsuelo aún contiene notables reservas de petróleo y gas natural, es hoy una de las más pobres entre los países árabes. Ali Abdullah Saleh, presidente de Yemen del Norte desde 1978 y del Yemen reunificado a partir de 1990, no supo llevar la prosperidad a un país de cultura y hospitalidad legendaria, y tras meses de violencia cedió el poder a su adjunto Abdo Rabbo Mansour, que hoy lidera un gobierno de transición política de dos años, elegido democráticamente el pasado febrero. En él recaen las esperanzas de una reconstrucción que se ha hecho esperar siglos.

Desde su casa en Saná, capital con algo más de dos millones de habitantes, ciudad universitaria y sede del Gobierno, Boushra es testigo privilegiada de acontecimientos que tienen en vilo a toda la zona. Y no sólo por la posición de su marido, un prestigioso economista que ha llegado a viceministro de Finanzas, sino por su propia formación (ha sido educada en Europa y Estados Unidos) y equidistante punto de vista. En su discurso, la reforma económica es prioridad: se estima que el 44% de la población de Yemen -unas 10 millones de personas- está malnutrida, y que cinco millones requieren de asistencia inmediata. Los trabajadores humanitarios la llaman una tragedia silente: hay más hambre en Yemen que en el África Subsahariana. Sin embargo, en la sensibilidad internacional puede más el hecho de que Yemen sea considerado un refugio de Al Qaeda que la hambruna que asola a la población. Hablamos, primero, de la llamada revolución rosa.

¿Qué ha sido de aquel primer impulso reformador?
Al comienzo de la Primavera árabe, después de que Ben Ali dimitiera en Túnez y comenzaran las protestas para deponer a Mubarak en Egipto, yo estaba emocionadísima, literalmente pegada a la tele. Fue maravilloso ver cómo la manifestación colectiva y las redes sociales podían con unos líderes formidables, casi todopoderosos. Hicieron lo inimaginable. Luego empezaron aquí las primeras y tímidas manifestaciones de los estudiantes, demandando más calidad de vida, más derechos. El movimiento creció, se hizo grande y complicado, y los enfrentamientos con la autoridad trajeron la muerte de civiles. Pero las reivindicaciones juveniles fueron secuestradas por los políticos para justificar la destrucción del país y llenar su agenda. Obligaron a Yemen a arrodillarse social y económicamente. Soportamos un año dificilísimo, sin electricidad, con cortes de gasolina, gas, agua; con el precio de los alimentos cada vez más alto y un enorme paro; infinidad de personas sin techo y pobreza por todas partes. La juventud quería acabar con los 33 años de régimen de Ali Abdallah Saleh, y con razón, pero creo que fueron cortos de vista y dejaron que los partidos de oposición la utilizaran para alcanzar el poder. Necesitan conducirse con más inteligencia y elaborar un plan a largo plazo: tener claros sus objetivos, una plataforma concreta y líderes que les representen. Deben formar parte del Gobierno para lograr un cambio. Al final, los jóvenes que comenzaron la revolución están marginados, tienen muy poca influencia.

¿Cómo la viviste?
Fui feliz al votar en el referendum de Abdo Rabbo Mansour: sentí que unía a los yemeníes en la dirección del cambio. Logró conciliar a personas que estaban en bandos opuestos. Lo que Yemen necesita es una evolución interna. Librarse del líder fue un primer paso honesto, pero también fácil, a pesar del alto precio que pagamos por él. Hemos pasado por un periodo muy duro y todo el mundo ha sufrido. Mi marido, mis cuatro hijas y yo dormimos en la misma habitación durante meses porque las niñas no soportaban el ruido de los disparos y los bombardeos.

¿Cuál es tu punto de vista acerca de la situación y de las necesidades de tu país?
Desde las elecciones del 21 de febrero, todo se ha calmado considerablemente. Tenemos electricidad y casi normalidad. Antes de la revolución, Yemen ya sufría una gran crisis económica. Entonces solíamos pensar que las cosas no podían ir a peor, pero lo hicieron. Ahora, aunque aún tenemos los mismos problemas, al menos tenemos electricidad y no hay bombardeos ni disparos. Eso es algo que apreciamos verdaderamente. Lo que los yemeníes quieren es trabajo, servicios básicos como un sistema de salud decente, educación, agua corriente, electricidad y el imperio de la ley. Cosas que solo conseguirá una reforma económica que necesitamos con urgencia. Y más jóvenes y mujeres deberían ser incluidos en la toma de decisiones políticas.

Has confesado que la revolución bloqueó tu instinto creativo. ¿Cómo afectó a tu familia y trabajo?
No fue tanto la revolución en sí como sus efectos colaterales, la permanente división en bandos de la gente. Allá donde ibas, las conversaciones estaban cargadas de política. Todo el mundo quería tener razón. El aire estaba tenso, lleno de electricidad, y hasta caminábamos con miedo. No sabíamos qué iba a pasar, cuándo o a quién. Fueron tiempos terroríficos e incómodos. No podía ser creativa cuando debía esconderme con mis hijas bajo una mesa durante un bombardeo. O cuando tenía que inventarme historias para hacerles creer que no pasaba nada. De hecho, encuentro fascinante que esos días hayan inspirado a muchos de mis colegas, especialmente a aquellos que fotografiaron los enfrentamientos. Fui a la plaza Taghier y, aunque pasé miedo, especialmente cuando vi a los heridos que llegaban al hospital de campaña, hice fotos. Ninguna era demasiado buena.

¿Alguna vez has pensado en abandonar tu país?
Sí, pero aquí me tienes. Mi familia y amigos están aquí, y necesito su apoyo para poder cuidar de mis cuatro hijos y, a la vez, disponer de mi propio espacio para respirar y recargar mi energía. Amo Yemen y pertenezco a esta tierra. Es cierto que a veces necesito un respiro, pero es mi casa y siempre lo será. Siento que soy necesaria aquí y que aquí es donde mi labor puede tener algún impacto.

¿Qué piensas acerca del papel de la mujer en los acontecimientos que están afectando a tu país?
Creo que han jugado un papel crucial en marcar la diferencia e impulsar un cambio. Muchos líderes de la revolución son mujeres: Amal Basha, la Nobel de la Paz Tawakkul Karman, Bushra Almaktari, Gabool y Radhia Almutawakel, Rahma Hugaira... Hay muchos activistas, pero las mujeres destacan. Durante la jornada electoral, me hizo muy feliz ver a un gran número de ellas que acudían a votar. Las yemeníes son fuertes y comprometidas, y ciudadanas muy activas. Pueden jugar un papel relevante no ya en la revolución, sino en la subsiguiente evolución de Yemen. Por desgracia, la mayoría de los hombres, especialmente aquellos que detentan el poder, no ven la importancia de incluirlas en el Gobierno o en la toma de decisiones políticas. Sin embargo, sé que las mujeres yemeníes no van a esperar su aprobación.

Boushra sigue viviendo en el hogar familiar, herencia de su padre. Casada con un economista que ha tenido responsabilidad en el Gobierno, tiene cuatro hijas que se las arreglan para monopolizar casi todo su tiempo. Su vida, aparentemente muy tradicional, choca con sus ideas, firmemente arraigadas en el progreso y en la apertura de cuotas de poder a minorías, ansiosa por comprobar los mecanismos de lo nuevo. Su educación en Egipto, Estados Unidos y Francia ha dejado huella en ella: a pesar de que su padre hubiera querido que se quedara en casa, las actividades políticas de su progenitor obligaron a la familia a viajar. Boushra incluso se las arregló para cursar Empresariales, aunque fuera acompañada de su hermano. 

Durante la carrera hizo sus pinitos en el blanco y negro, y la fotografía llenó el lugar destinado a las pasiones que duran toda una vida. A su regreso a Yemen, logró un empleo como asesora educativa, se casó, tuvo hijos y se convirtió en la primera fotógrafa profesional yemení. En 1997 dejó su empleo para dedicarse solo a disparar. «En realidad, no diría que me dedico a la fotografía, sino a mis niñas y a mi familia. Amo todas las formas de arte. Me hubiera gustado ser pintora, pero la fotografía estaba más a mi alcance. Admiro todas las formas de comunicación, de contar una historia: cine, multimedia, artes gráficas, música... Doy gracias por haber descubierto al menos una, y espero tener la oportunidad de probar otras. Estoy deseando experimentar con la multimedia. Quiero jugar con otros medios.»

¿Cómo es el día a día de una mujer y fotógrafa en Yemen?
Ahora ya es algo común, pero durante muchos años no supe de ninguna otra fotógrafa en mi país. Hoy, cada vez hay más jóvenes fotógrafas, como Amira Alsharif, Eman Alawami o Bushra Al-Fusail. Y ya cuentan con un impresionante trabajo. Muchas de ellas han cubierto la revolución y realmente admiro su coraje, su pasión y su perseverancia. Mi vida es agotadora, frenética, atareada, pero llena de diversión, risas y bromas. Normalmente me levanto a las 6, despierto a las niñas, las baño y las visto para llevarlas a la escuela. Por suerte, tengo a alguien que me ayuda con todo eso y, a veces, también mi marido lo hace. Mientras están en el colegio, dispongo de algunas horas para hacer recados, la colada, la compra, hacer un poco de ejercicio o trabajar. A las 12, recojo a mis gemelas de tres años que, si tengo suerte, duermen una siesta. Otro hueco para mí hasta que nos reunimos todos a comer. Por la tarde, vigilo sus deberes, jugamos un rato en el jardín, vemos la tele, cenamos y a la cama a las 8. Antes de que se duerman charlamos un rato o les leo algún cuento. Y por fin me quedo sola para cenar, charlar con mi marido, hacer algunas llamadas o contestar emails. El mayor reto diario al que me enfrento es despertar a las niñas por la mañana y meterlas en la cama por las noches: se resisten bastante.

Tienes una educación occidental... ¿Cómo fue tu proceso de adaptación a una sociedad tan distinta? ¿Fue dura la vuelta?
He pasado la mayor parte de mi vida entre Yemen y Estados Unidos, aunque también he vivido en Egipto y Francia. De los seis a los 11 años estudié en un colegio privado americano. A mi regreso a Yemen me llevó un tiempo acostumbrarme, quizá también porque mi madre es muy conservadora... Volví a Estados Unidos para estudiar en la universidad, pero al terminar los estudios no me apetecía mucho volver a mi país que, además, acababa de pasar una guerra civil (1994). Esta vuelta sí que me costó mucho más... Estuve meses deprimida y lo único que hacía era leer en la cama. Se me pasó cuando conseguí un trabajo y comencé a desarrollar mis inclinaciones artísticas... Me establecí, logré una fantástica vida social y todo se suavizó bastante.

¿Qué aspectos debería ajustar una mujer occidental para integrarse en la vida de Saná?
Los relacionados con el vestir y la vida social. Debería vestirse modesta y de manera conservadora. También tendría que acostumbrarse a que la observaran mucho más y a tener mucho cuidado en la manera en que interactuara con los hombres, especialmente en público. La vida social yemení es mucho más segregada: los hombres con los hombres y las mujeres con las mujeres. Aunque ella, al ser occidental, tendría acceso a ambos sexos. Es algo que sí se acepta. Probablemente se sorprendería mucho con la amabilidad, la generosidad y la calidez de los yemeníes.

¿Tratas de cambiar el estado de cosas a través de tus fotos o simplemente te concentras en mostrar una imagen de tu país que se aproxime más a la realidad que muchas de las imágenes estereotipadas que nos llegan?
Me encantaría proclamar que yo puedo hacer algo por el cambio, pero creo eso es algo que lleva tiempo. Mi única intención es arrojar alguna luz al respecto de mis propias preocupaciones y de las de otras mujeres, como el velo, la maternidad, la igualdad, la educación... Con la esperanza de contribuir al debate y la conversación que, muy lentamente, hagan avanzar este proceso de cambio.

¿Sientes la necesidad de militar en las causas feministas a través de tu trabajo?
Me han dicho que algunas de mis imágenes tienen cierta energía agresiva, pero jamás he querido, al menos conscientemente, que fueran militantes. Simplemente expreso lo que siento. Si algunas personas las perciben como militantes, lo acepto como una de las muchas interpretaciones de mi trabajo.

Su trabajo, como la misma revolución rosa, propone una revolución pacífica y desde el amor al país y a sus costumbres. En su ánimo está luchar contra esa visión romántica, idealizada, de la mujer de Oriente Medio, retratada como una criatura exótica y misteriosa. Las mujeres de Boushra son madres y, aunque representadas en la muñeca Fulla (la Barbie musulmana), trabajan, estudian y ejercen profesiones tradicionalmente adscritas a los varones, como la Medicina, vestidas con abayas, hiyabs o niqab o baltu. 

Su aproximación a los distintos tipos de vestimenta documenta cómo las mujeres de Yemen han ido cubriendo su cuerpo durante los últimos años, pero jamás mostrándolas como víctimas de cierto tipo de represión indumentaria, sino poniendo de relieve las contradicciones que se producen entre la mujer que lo lleva (que puede estar profusamente maquillada o incluso hacer guiños cómicos desde la única parte de su cuerpo que deja ver: los ojos) y su significancia política. El sentido del humor abre la puerta del cuestionamiento: si el velo es una máscara para la mujer yemení, más lo es en los ojos del espectador occidental, que apenas puede ver más allá de un trozo de tela. Y aunque la narración de Boushra no puede salirse de los límites que impone la tradición de su país (el cuerpo está, siempre, vedado), contiene la carga de profundidad necesaria para poner en tela de juicio el discurso masculino dominante sin que el establishment acabe de tenerlo meridianamente claro. «Soy una mujer árabe musulmana que lleva hiyab en su país, pero que tiene sentimientos encontrados al respecto que necesita expresar, compartir y discutir. Comencé a trabajar en el velo en la facultad, en Estados Unidos. Los horribles atentados del 11 de septiembre tuvieron un efecto tan negativo en la percepción del Islam y de los musulmanes en todo el mundo... El velo se convirtió en un símbolo icónico, en un tópico complejísimo de múltiples capas.»

¿Por qué crees que nos da tanto miedo?
Creo que viene de la ignorancia y los malentendidos que encienden y desencadenan los medios de comunicación. Árabes y musulmanes han sido retratados como peligrosos y, sobre todo, después del 11 de septiembre, como imprevisibles terroristas. Lo que ocurrió fue una tragedia, pero no todos los musulmanes deben ser juzgados por las acciones de unos pocos criminales manipulados. Tememos lo que no entendemos. Si más europeos y árabes se conocieran mutuamente a un nivel más humano, habría un entendimiento mayor. En este sentido, creo que es una vergüenza que la obsesión con el hiyab impida a los occidentales conocer a las personas que lo llevan. El velo es una excusa para no ver a las mujeres.

Occidente ve en el velo musulmán una máscara, pero quizá desde el otro lado sabéis captar con más claridad la máscara, invisible, que muchas de nosotras nos vemos obligadas a llevar...

Sí, ya lo dijo la conocida feminista Nawal Elsadawi... Tanto el hiyab aquí como el maquillaje, el bótox o la cirugía plástica allí cumplen con un mismo papel: ocultar nuestro auténtico yo. Siento que en el moderno mundo occidental las mujeres viven en una prisión. Quieren satisfacer todas las expectativas que se depositan en ellas, y son tan poco realistas... Las mujeres quieren todo: trabajo, amor, matrimonio, niños, dinero, éxito, juventud eterna, inteligencia; quieren estar siempre a la moda, y ser bellas y delgadas. Todas estas exigencias absolutamente imposibles son, además, impuestas por corporaciones mayoritariamente dirigidas por hombres. Ellas son vistas como objetos sexuales para el placer masculino y convertidas en objetos en las revistas, las películas, la publicidad. ¡No queda espacio para las mujeres reales, las que deben conciliar trabajo y familia, las que se quedan cortas a la hora de satisfacer todas esas demandas, las que no son suficientemente buenas ni suficientemente guapas! En realidad, se trata de imponernos necesidades que no lo son. En Yemen, la vida es mucho más lenta. Y gracias al reto que supone el día a día por la falta de servicios básicos, soy más capaz de enfocar lo que es importante y de vivir mi vida según mis propias reglas. Hace solo unos pocos años, no teníamos televisión con satélite ni internet, y la vida parecía aún más real. Por desgracia, estamos importando la cultural occidental. Ojalá pudiéramos coger solo lo bueno y deshechar el resto.

¿Por qué nos aferramos las mujeres a nuestros respectivos velos?
En Occidente, creo que es debido a la enorme presión que se ejerce sobre ellas, y quizás a que tratan de demostrar que son tan buenas como los hombres o incluso mejores, que pueden tenerlo y hacerlo todo. Aquí, creo que operan valores culturales y religiosos que están profundamente arraigados. Es la norma. A este respecto, creo que muchas mujeres no cuestionan lo que les inculcan en casa o en el colegio, simplemente lo aceptan. Rara vez nos enseñan a cuestionar o desafiar las creencias con las que crecemos.

¿Ves semejanzas entre las cuestiones que preocupan a las mujeres occidentales y orientales?
Sí, todas queremos llevar una vida con sentido, feliz, justa, igualitaria. Poder ser fieles a nuestras pasiones, mantener relaciones significativas y ejercer trabajos que nos llenen. Casarnos o tener pareja, niños, y asegurar que nuestra familia tenga una vida sana y salva. Y marcar una diferencia en la comunidad y en el mundo.

¿Qué tipo de velo usáis tú y tus hijas?
Normalmente llevo un pañuelo y una larga túnica negra llamada abaya. Es la norma en esta sociedad: todo el mundo viste así. Y me sentiría extraña si no me pusiera el hiyab (el velo que tapa cabeza y cuello) cuando salgo de casa. Hay mujeres que usan el niqab, con solo sus ojos al descubierto; otras llevan el hiyab con un sitara, una pieza de tela estampada con distintos diseños que cubre todo el cuerpo. Mi hija pequeña tiene ocho años y aún no lleva el hiyab. Ni siquiera he pensado cómo voy a lidiar con este asunto cuando sea adolescente... Supongo que, en un mundo ideal, dejaría que ella tomara la decisión.

06 marzo 2017

La chica perfecta

Es un mito antiquísimo, una reliquia que ha sobrevivido desde Ovidio y su libro Las metamorfosis hasta hoy, aguantando carros y carretas: cuenta la mitología que Pigmalión fue un rey chipriota que se negaba a casarse si no era con la mujer perfecta. Vista la imposibilidad de su existencia, terminó creando una estatua, a la que puso de nombre Galatea, que se convirtió en humana gracias a las artes mágicas de la diosa Afrodita. En la cultura popular, especialmente en el cine, esta leyenda del hombre hacedor de su esposa se ha recogido infinidad de ocasiones: desde el pionero cineasta francés George Melies (1903) hasta Rebeca (Alfred Hitchcock, 1940), My Fair Lady (George Cuckor, 1964) o Pretty Woman (Garry Marshall, 1990). Mucho antes de estos ejemplos cinematográficos, el más representativo es el de la Eva bíblica, producto de una costilla de Adán. La fuerza de esta fábula es tal que no solo impregna toda la cultura occidental, sino que se ha convertido en una "ley del mercado". Asegura el doctor Luis Rojas Marcos que "la idealización de la mujer delgada está promovida por la industria de la belleza, controlada por hombres y que mueve miles de millones de dólares". Es decir, que aún hoy, miles de años después de la invención de Galatea por parte de Pigmalión, ellos dictan el ideal femenino.

La traducción de asunto tan clásico a la contemporaneidad hay que buscarla en los quirófanos. Reza Vossough, cirujano plástico británico afincado en Berlín (Alemania), eligió a su futura mujer, Cany, una chica absolutamente normal en la treintena, "por su potencial": solo tras ocho operaciones en el pecho, muslos, trasero, barriga, ojos, labios y frente a lo largo de cinco años y 1.600 gramos de silicona, (en total, una inversión de 26.300 euros), quedó satisfecho el doctor Vossough con su creación. Otro ejemplo: el estadounidense Harvey Austin fue reconstruyendo la cara de su mujer, Carol, a lo largo de una docena de operaciones. Todo empezó porque ambos querían lograr que ella tuviera los pómulos de la Linda Evans, de la serie Dinastía. Austin también operó a su madre (bolsas bajo los ojos), a su padre (lifting completo) y a muchos de sus amigos. De hecho, las aficionadas a las intervenciones estéticas (desde el bótox a palabras mayores) saben que la mejor manera de comprobar la pericia de un cirujano pasa por echarle un vistazo a su mujer.

CREADORES PATRIOS. Sin llegar a estos alarmantes extremos, nuestros protagonistas se ganan la vida proponiéndose como una mezcla de modernos pigmaliones, árbitros de la elegancia y sabios del buen vivir. Roberto Torretta llegó a España desde Argentina en 1972 y, desde entonces, no ha dejado de proponer y convencer con su estilo sofisticado y perdurable a mujeres como Carme Chacón, Ana Botella, Cristina Garmendia o María Fitz-James. Es un referente en la Pasarela Cibeles, la Semana de la Moda de Madrid, donde presentan sus colecciones desde 1998. Difícil hallar un hueco en la agenda de Marco Vricella, uno de los cirujanos plásticos más atareados del país, o en la de Martín Giacchetta, entrenador personal de las estrellas (suyo es el cuerpazo que se le ha puesto a la familia Bustamante) y autor del utilísimo Correr, tus pasos hacia el equilibrio (editado por Grijalbo). Y qué decir de Jesús Bejarano, por cuya peluquería madrileña (Next Imagen) y por cuyas manos han pasado prácticamente todas (peina tanto a las celebrities de los premios Goya como a ministras y ejecutivas) y todos.

Es imposible no caer en la tentación de verlos como pequeños Bbonapartes del buen gusto e imaginar a sus mujeres como una extensión, más o menos voluntaria, de su propia idea de la belleza. Culpemos de ello a la infalible fuerza del viejo mito. O al predominio masculino en la elite que define las tendencias estéticas. En nuestra Madrid Fashion Week, por ejemplo, las diseñadoras han venido siendo un fenómeno lateral (baño, lencería), minoritario (María Escoté, Ana Locking) o comercial (Kina Fernández, Juana Martín). Solo Agatha Ruiz de la Prada o Amaya Arzuaga han disputado protagonismo en creatividad y negocio a los hombres. No existen datos acerca de la proporción hombres-mujeres en la práctica de la cirugía estética, pero la impresión es que la balanza se inclina hacia ellos de manera abrumadora. De los 135 cirujanos plásticos que la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (Secpre) refiere como asociados de Madrid, solo 35 son mujeres. Otro tanto sucede en el top ten de los mejores peluqueros del país: el ranking está copado por nombres masculinos.

Ellos dictan, está claro. Pero, ¿obedecen ellas? Para los sociólogos, lo hacen (lo hacemos) a pies juntillas. De hecho, la mujer está prácticamente sometida a los dictados del mercado de la belleza y la moda determinados, a su vez, por hombres: "Las prácticas de consumo de la mujer no son espontáneas ni libres, actúan de acuerdo a las normas de respetabilidad que por un lado prohíben el consumo de alimentos y por otro permiten el consumo de bienes lujosos", analiza Vicens Borrás Catalá, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, en su estudio Las desigualdades en el consumo a través del género. "Además, el consumo de determinados bienes de uso individual como la vestimenta y los productos de cosmética, pueden ser vividos más como una carga, como un trabajo, que como un placer, a partir del momento en el que se trata de un consumo de representación social del hombre", añade Borrás. Salvada la cuestión sociológica, hay que admitir que nuestras protagonistas serían unas inconscientes de no admitir el consejo de sus compañeros, verdaderos expertos en cada uno de sus campos. Y, aun así, es fina la línea que separa la decisión propia del convencimiento ajeno.

Lo cierto es que vistas las parejas (observen detenidamente las fotos), las uniones de ambos miembros parecen más que congruentes. Incluso coordinadas. Tal para cual. Carmen Etxebarría, compañera desde hace 35 años del diseñador Roberto Torretta, luce la serena sofisticación y la elegancia atemporal que predica su marido en cada una de sus colecciones. El cuerpo de Sonia Ferrer, madre de una preciosa niña de dos años junto al doctor Vricella, parece esculpido por un experto cirujano (¿acaso su propio esposo?), y lo mismo se puede decir del tipazo de Celeste Carasatorre, novia de nuestro entrenador de celebrities: rebosa la fortaleza y salud marca de la casa. Idéntica sencillez estudiada acompaña la naturalidad sin mácula de Jesús y Amparo, a dos años de su feliz encuentro en Rock in Río.

¿COMPENETRACIÓN O DICTADURA? "Yo parezco la mandona, pero a la hora de la verdad manda él", confiesa Carmen Etxebarría, empresaria (es propietaria de Berlín, la tienda de moda que revolucionó Madrid en los 80 y que ya se ha convertido en un clásico) y estrecha colaboradora de su marido. "A Roberto le debo un 50% de mi estilo. Él es más arriesgado que yo en todo, y cuando llevo algo impactante es porque él ha tomado decisión". "Carmen es una mujer clásica y yo le he dado algunas indicaciones o consejos para que vaya un poco más lejos; por ejemplo, la fuerzo a que use tonos más potentes", admite Torreta. Lo cierto es que ambos viven en una sana relación de competencia donde las tendencias son el centro de su tira y afloja diario, tanto profesional como personal. "Es cierto que discutimos. O, más bien, intercambiamos opiniones. Ella ve las colecciones desde una óptica más comercial y yo, más de pasarela. Ese contraste es buenísimo", explica el diseñador.

Según cuentan, son de esas parejas que se llevan el curro a casa: "Trabajamos juntos para la moda, de la moda y por la moda. Así que estamos constantemente en esa dinámica", afirma Torretta. "Carmen mantiene su criterio, pero me pregunta y me hace muchísimo caso. Igual le propongo un cinturón a la altura de la cintura pero ella lo prefiere a la cadera: yo salgo frustrado y ella, encantada", añade el modisto. Eso sí, la empresaria sabe de su talento y se deja aconsejar por su marido: "Él sabe muy bien lo que yo me puedo poner.... ". La pregunta del millón: ¿serían pareja si no compartieran de alguna manera su interés por la moda y cierto ideal estético? "No lo sé...", admite Torretta. "Quizá en ese caso no fuera tan importante la manera en que Carmen va vestida. De todos modos, es una situación que me cuesta imaginar: la competitividad que mantenemos hace el día a día tan interesante, y es tan productiva...", concluye.

De una pareja de largo recorrido a otra más joven (llevan seis años juntos) aunque muy consolidada y con una niña de dos años. El cirujano italiano Marcos Vricella (46 años) y la presentadora de televisión Sonia Ferrer (35) son la perfecta estampa de la pareja ideal. De hecho, lo fácil es pensar que el esplendor físico de ella se debe, al menos en parte, a las habilidades de él. O que es él quien insiste en hacer de ella una réplica de esa mujer perfecta que está acostumbrado a buscar en la mesa de operaciones. "Es muy incómodo que todo el mundo piense que seguro que me ha operado. Pues no, no me ha operado. En casa del herrero, cuchillo de palo, que se dice... No hace mucho me ha quitado tres lunares y me ha costado tres años que encontrara hueco para mí. Y muchas veces le digo que quiero quitarme la cicatriz de la cesárea, pero él opina que está fenomenal y que se borrará con el tiempo: será porque me la cosió él mismo", señala la presentadora entre risas.

"Es joven y guapísima, no necesita mi ayuda", se justifica Vricella. "A veces, riendo, se queja de que nunca quiero hacerle nada pero, en realidad, sabe perfectamente que soy muy objetivo y se fía de mi juicio", apunta el cirujano. Digamos que, en este caso, él es un dictador..., pero por defecto: "Por supuesto que hemos hablado muchas veces de mi trabajo y de los retoques que las mujeres suelen hacerse a lo largo de su vida. Siempre hemos estado de acuerdo en que, si algún día ella quisiese hacer algo, tendría que quedar un resultado muy natural, en línea con un ideal de belleza nada artificial", explica Vricella. "Le hago mil preguntas porque todo me produce curiosidad. Hasta dónde se puede llegar, qué se estropea con el paso de tiempo... 

Yo cambiaría muchas cosas, pero Marco me dice siempre que esto no es Lourdes. No soy contraria a la cirugía, pero siempre con control. No sé si por haber madurado o por estar al lado de Marco, pero el caso es que me he dado cuenta de que no es la solución a los complejos, ni mucho menos. Lo cierto es que ahora les doy menos importancia. Tiendo a usar menos maquillaje y a la naturalidad... Él me ha dado esa seguridad", revela Sonia Ferrer. "En vez de convertirme en una obsesa de la estética, me ha centrado. En realidad, Marco es bastante conservador, y por eso yo nunca me haría unos pechos o una boca desproporcionados", continúa la presentadora. Él confirma: "Para mí, la belleza ideal en una mujer es un conjunto de proporciones y simetrías, de feminidad y elegancia. Por suerte para mí, encuentro todas estas características en Sonia".

Sin embargo, la duda razonable acerca de sus atractivos físicos pasó por la cabeza de la presentadora cuando se conocieron: "En un principio no me alarmó ni me despertó ninguna curiosidad especial que fuera cirujano estético. Pero conforme fue avanzando la relación, no voy a negar que caí en la tentación de hacer recuento de complejos... De repente, tienes la extraña sensación de que, en vez de pensar en abrazarte, va a fijarse en lo que te operaría...".

UNA UNIÓN MUY FÍSICA. La historia de Martín Giacchetta (35 años) y Celeste Carasatorre (30) está más marcada por la afinidad que por la influencia. Argentinos exiliados en Madrid, ella aún posee un estudio de pilates en su país natal y confiesa que siempre le interesó el deporte, aunque quizá no tanto como ahora. Tras un año al lado del entrenador más popular del país, admite cierto influjo más que bienvenido: "Me ha enseñado a llevar una vida más saludable, básicamente en cuanto a la alimentación: equilibramos cuidado- samente hidratos, proteínas y frutas. Ahora soy más rigurosa, antes comía helados o chocolate más a menudo. También me he acoplado a la actividad física, aunque no hago tanto como él".

¿Se notan los cambios? "¡Claro! Noto su influencia en el aspecto físico: he bajado un poco de peso, he definido musculatura, he tonificado músculos... Además, es bárbaro estar con un entrenador porque no hay que planchar camisas, la vida es relajada y alegre y con menos estrés. No me da nada de pereza ni tengo presión por mantener cierta actividad física, aunque la verdad es que si estuviera con otra persona no haría nada de esto", explica Celeste Carasatorre.

"Mi idea de la mujer ideal se acerca mucho a Celeste", se congratula Giacchetta. "Alguien que comparte mi filosofía de vida sana y que no está contaminada por los valores del consumismo. Estéticamente, tengo la suerte de que siempre se cuidó. Es un poco mito eso de los entrenadores como dictadores del físico, parte del imaginario de la gente, no es real. Celeste puede tomar su vino o podemos compartir un helado cuando queramos. El deporte es salud, no obsesión. Un cuerpazo no se consigue con la obsesión sino cuidándose a lo largo del tiempo. No se trata de machacar, sino de habituarse a una vida saludable. No quisiera trasladar a nadie una obsesión, y menos a alguien a quien quiero mucho", asevera el entrenador personal.

FILOSOFÍA DE VIDA. "¿Se enamoraría Martín Giacchetta de una mujer gordita?", pregunto. "No me molestarían 7 u 8 kilos de más, pero lo que no me gustaría es el sedentarismo absoluto. Un sobrepeso de 20 kilos no sé si me atraería, pero se puede ser superguapa sin estar a tope", responde Giacchetta. "El deporte es una prioridad para nosotros, la elección de una filosofía de vida", concluye Carasatorre. "Y en ello basamos nuestra relación".

Jesús Bejarano (42 años), probablemente el peluquero que más estrellas peina, y su esposa Amparo Macías (35), directora de comunicación y marketing en una firma de cristal y porcelana de Bohemia, se influyen mutuamente: "Ella me aconseja en el área de la comunicación y yo en la estética, aunque me temo que yo soy bastante más rígido en mi criterio", admite Bejarano. "Hombre, yo tampoco diría que soy un pequeño dictador... Pero claro que opino e influyo, aunque siempre desde el respeto. Si tienes credibilidad, enseguida notas receptividad desde el otro lado". Efectivamente: desde la suavidad de los argumentos de peso, Jesús le ha cambiado el look a su esposa, que con gusto se ha "dejado hacer". "Sí, tengo plena confianza porque es uno de los mejores profesionales del país", asiente ella. "Él siempre me ha aconsejado ir más natural, o cuándo debo llevar un recogido. O qué peinado llevar con qué vestido. En general, me ha animado a que me arregle un poco más... Y yo me lo he tomado bien, porque ha sabido cómo decírmelo. Tiene mucha mano izquierda", apunta.

FUERA EL COLOR. "Creo que donde más he influido en ella es en hacer su estilo más sencillo", confirma él. "La verdad es que en cuanto vi una oportunidad de cambiarle el pelo, lo hice. ¡No tarde mucho en proponerle que se pasara por la peluquería! Desde la primera vez que la vi pensé que la podía mejorar: quitarle la enorme cantidad de color que llevaba y hacerle un rubio más natural y brillante".
¿Le gusta que su chica vaya siempre capilarmente perfecta? "¡No!", exclama. "En casa soy muy relajado y nada puntilloso, solo insisto cuando tenemos algún acto o una cita especial...". Menos mal: hasta los gurús del estilo descansan de vez en cuando.

08 febrero 2017

Doña Letizia está muy guapa

¿Dónde han estado los príncipes de Asturias este verano? ¡Que levante el dedo quien lo sepa! ¡Yo, yo, yo! Letizia y Felipe han pasado parte de sus vacaciones en el Ampurdán, en casa de un empresario barcelonés. Han salido en barco (modesto) y el último día sus anfitriones les dieron una cena servida por Xidors, un catering de Vallobrega. Por cierto, que se oyó a Letizia hablar en perfecto catalán y se despidió de todos con un beso y un «¡fins l'any que ve!». Y también, más en confianza, suspiró delante de sus amigos: «¡Y ahora vuelta al curro!».

Y es que se ha acabado el verano y todos acudimos a la consulta del doctor Vila Rovira. «¡Con tanto sol me han salido arrugas!», le digo a Ramón, que es demasiado educado para contestarme: «Con tanto sol y tantos años, querida amiga». Con paciencia artesanal quita una mancha por aquí, una peca por allá, por esta zona pone un poquito de ácido hialurónico, en la ceja otro poco de Bótox, y mientras me va contando que los españoles siguen operándose: «Aunque hacemos retoques más que liftings completos y algunas intervenciones se cancelan la semana antes con excusas difíciles de creer». Es inevitable que le pregunte a este médico, que ha tenido entre sus manos a Ana García Obregón y a miembros y miembras de nuestra familia real, por su paciente más famosa, sí, ésa en la que están ustedes pensando... ¡Belén Esteban! El doctor me dice: «Era una operación muy difícil y comprometida por la repercusión mediática y estoy contento con los resultados… Se mantiene muy bien. ¡Está muy guapa!».

Guapos no los quieren en la revista Men's Health. Me llama su director, mi íntimo Jordi Martínez, para explicármelo: «Nuestro desafío es convertir en cuatro meses a tíos corrientes en supercachas. Lo hemos hecho con Pablo Motos, Manu Tenorio, Christian Gálvez…». Le sugiero a Joaquín Sabina porque ya no cierra los bares ni hace tantos excesos, pero mi amigo se niega: «Pilar, que lo nuestro es ciencia y no milagro. Estamos estudiando la posibilidad de que se sometan al desafío Fernando Tejero o Jordi Évole». Pero Martínez tiene un sueño: «Sí, ¡Rajoy! Nosotros nos comprometemos a marcarle abdominales en cuatro meses…». El guante está echado, presidente, otros han podido hacerlo (y también del PP).

Me doy una vuelta por la casa de los Urdangarin, a la que tan pretenciosamente denominamos palacete. ¡Mea culpa, lo reconozco! Anoto algunas curiosidades: los niños juegan al ping pong a las ocho de la mañana, antes de ir al cole, con un hijo de Ana Urdangarin, que llega en su moto para hacerles compañía. Luego suben al coche viejuno de la infanta y no se ponen el cinturón. Seis son los policías nacionales que acompañan a los dos mayores al Liceo Francés y la casa está más vigilada que nunca, quizás para evitar el efecto Sánchez Gordillo; la reportera Laura Lago, que permanece día y noche haciendo guardia, me explica que: «¡Es la primera vez que nos piden credenciales!». Esta semana Iñaki no ha salido de casa, donde ha recibido la visita de su abogado y del cartero que le llevaba una carta certificada, mientras la infanta va al Llongueras de la calle Benedicto Mateo, al Corte Inglés de Diagonal, donde se compró el bolso de Michael Kors que luce en la portada de Lecturas, y dirige la mudanza que probablemente deba acelerarse ya que al parecer una familia rusa está interesada en adquirir la propiedad. Tal vez es un homenaje póstumo al oso Mitrofan que falleció, borracho de vodka, hace ahora justamente siete años en la estepa moscovita. ¡Honor a ti, ilustre plantígrado, como ves todavía hay personas humanas que te recuerdan!

AL CIELO Mª TERESA ORTIZ BAU
Hija, has tenido tu cruz en vida aguantando a Carlos Larrañaga (sí, vale, se ha muerto pero tenemos memoria), que te arruinó, te humilló e intentó difamarte. Me cuentan tus amigas que eres un ángel de bondad y que sólo así pudiste salir limpia de la oleada de basura con la que pretendió hundirte. Y ahora les perdonas a sus herederos los 400.000 euros que él te debía porque dices que ellos no tienen ninguna culpa. ¡Pero si también heredan los bienes de su padre, es lógico que se hagan cargo de las deudas! Aunque tú no me hagas caso, eh, María Teresa, que no todos estamos hechos de la misma pasta. Lee arriba y mira dónde te envío: al cielo. Un lugar único y exclusivo para las santas y mártires como tú.

AL LIMBO LOLA HERRERA
¡Por piedad, no me castigues más! Enciendo el televisor y temo encontrarte a ti, a Carmen Machi o a Verónica Forqué riñéndome con tono admonitorio por no consumir los excelentes productos que anunciáis. ¡Me recordáis a esas amigas gruñonas y amargadas que sólo te llaman para hacerte la puñeta! ¡Ya soy mayor y no me gusta que me peguen bronca, por rara que sea mi forma de vida! Sí, vale, lo sé, lo hacéis por mi bien, esa razón absurda que nadie sabe qué significa exactamente. Y quizá sí que mi existencia sería más feliz si mejoraran a) mis digestiones b) mis defensas c) mi menopausia d) mi vida sentimental. ¡Ay, no, esto último no! Y es que, veis, lo verdaderamente importante nunca sale en la tele.

12 marzo 2016

Préstamos sin nómina

Descubre ahora las entidades que ofrecen créditos sin necesidad de nómina. Puedes comparar gratis las mejores ofertas de créditos sin nómina ni aval y conseguir microcréditos de hasta 900€ en minutos o créditos sin nómina que pueden llegar a los 60.000 € sin papeleos. 

Y olvídate de las esperas, consiguiendo la financiación rápida que andabas buscando sin tener que pasar por el banco y sin la presentación de una nómina.

Hace pocos años era prácticamente impensable el poder acceder a créditos sin nómina, ya que para las entidades bancarias no tener nómina es un sinónimo de inestabilidad económica. El mercado ha ido adaptándose al contexto actual y ha ido generando otras alternativas más realistas para conseguir créditos rápidos sin necesidad de una nómina de la mano de compañías privadas.

El único requisito para conseguir dicha financiación y que te aprueben el crédito es disponer de ingresos periódicos que puedas demostrar. Entendiendo como sinónimo de ingreso, la nómina, pero esto no es así, existen otras fuentes de financiación que son igual de efectivas y que iremos viendo.

Así que podemos decir que los créditos sin nómina son una realidad gracias a diferentes métodos de financiación que no tienen nada que ver con los bancos tradicionales. El mercado económico de hoy día ofrece facilidades para todas aquellas personas que  precisan ordenar su bolsillo tras sufrir un contratiempo.

Si no disponemos de una nómina como fuente de ingresos, no hay que preocuparse. Con los préstamos sin nómina ya es posible conseguir la financiación que necesitamos. Siempre que contemos con una fuente de ingresos alternativa regular. Dentro de los créditos sin nómina podemos encontrar diferentes tipos de financiación.

Los créditos sin nómina para urgencias económicas, se tratan de minipréstamos con los que podemos acceder hasta a 900€, con un plazo de reembolso que va alrededor de los 30 días. Se solicitan online, habitualmente a entidades financieras privadas aunque bien es verdad que también hay bancos que los ofrecen. Sus intereses van alrededor del 1 % al día, sin comisiones adicionales, tampoco piden la contratación de productos vinculados y sin cambiar de banco, además de que la  amortización anticipada es gratuita. Por ejemplo, si solicitamos 100€ a 30 días, pero decidimos reembolsar todo el dinero el día 20, nos ahorramos los intereses de los 10 días que faltan.

La devolución de los préstamos sin nómina se realiza en un único pago mensual y dicho pago constará del capital más los intereses que se hayan devengado, por lo que es importante asegurarse de que podemos devolverlo sin problema cuando el plazo termine.

Préstamos personales sin nómina para proyectos, consisten en créditos que se solicitan ya sea a entidades financieras privadas como a bancos. Nos permiten acceder a un importe que puede oscilar entre los 1.000€ hasta los 90.000€, de acuerdo con el perfil económico de cada uno y con la entidad que da los créditos sin nómina. Sus intereses van entre el 6 % y el 12 %, aunque según el Banco de España estos préstamo tienen unos intereses medios del 8,5 % TAE. Dichos créditos rápidos pueden tener comisiones o no y productos vinculados. 

La cantidad máxima a la que podremos acceder depende de nuestros ingresos y de la política de riesgo de la entidad en cuestión. Aunque podemos solicitar los créditos sin nómina, necesitamos unos ingresos acordes con la cantidad que pedimos.

Créditos al consumo para financiar la compra de artículos, se tratan de créditos sin nómina que conceden los grandes almacenes para la financiación de sus artículos y demás servicios. Son micropréstamos rápidos que se solicitan en el momento de realizar la compra para poder pagar los artículos que se hayan comprado en cuotas mensuales cómodas. La finalidad de los grandes almacenes es la venta de sus artículos, por lo que los intereses suelen ser bastante buenos. En vez de transferirnos el dinero a nuestra cuenta bancaria, nos dan el artículos que queremos financiar y lo vamos pagando en cómodas cuotas todos los meses. 

Habitualmente este tipo de créditos sin nómina ofrecen un periodo de financiación sin intereses para así incitar al cliente a la compra, aunque es necesario tener en cuenta los intereses que nos cobrarán una vez que se haya terminado el plazo. 

16 febrero 2016

Altura de Sigourney Weaver

Nos recibe sonriente. Es una criatura inteligente a la que los premios no alteraron su biorritmo. Ni se deleita en su condición ni admite que un relaciones públicas marque los tiempos de la entrevista. Sigourney Weaver (Manhattan, 1949) cuenta que últimamente la eligen para papeles que el guionista escribió con un maromo en la sesera. 

Acaso por su osamenta superlativa, los productores comprenden que Sigourney Weaver (Manhattan, 1949), la teniente que peleó con el peor bicho de cualquier galaxia (ver Alien, Ridley Scott,1979), añadirá a la testosterona de la escritura un toque distinto, especial. Y eso le gusta: «Quizá debiera de sentirme insultada, pero me lo tomo como un regalo. Muchos de esos papeles, concebidos en principio para mis colegas masculinos, son más interesantes. 

En la vida real, las mujeres hacen cosas duras, toman decisiones, mandan, y está bien poder interpretarlas». Nacida como Susan Alexandra Weaver, la actriz, famosa por sus interpretaciones en largometrajes como El año que vivimos peligrosamente (Peter Weir, 1982) o Cazafantasmas (Ivan Reitman, 1984), recuerda en persona a una Mercedes Milá menos histriónica pero igual de fuerte.

Charlamos porque estrena Luces rojas, el nuevo y esperado juguete de Rodrigo Cortés, el director español que puso bocarriba el mundillo cinematográfico con su primer proyecto, Buried (2010). Antes de acudir al plató, donde Cortés marca el compás con la actitud y el aplomo de un profesional curtido, Weaver se felicita por la oportunidad que supone trabajar a su lado. «Es bueno, muy bueno. Un director joven y talentoso, muy brillante, que ha escrito un guión asombroso. 

La gente se cree que por ser una actriz famosa recibes continuamente historias fascinantes, propuestas inteligentes, guiones memorables... Bueno, pues no es cierto. Por eso, cuando lees un trabajo como el suyo, sabes que estás ante una oportunidad única, especial, y tienes que aprovecharla.»

Compañera de estudios teatrales de Meryl Streep («Ya entonces daba gusto verla. Era, y es, una

actriz fabulosa»), es posible que en los inicios su cuerpo biónico le provocara abundantes disgustos, más que nada porque nunca la elegían para interpretar los papeles interesantes: «No daba, decían. Supongo que les imponía mi presencia y no eran capaces de clasificarme como la damita en apuros o la novia del héroe». Nada que no arregle un buen terapeuta y, sobre todo, la aquilatada experiencia que proporciona acumular una obra que va de Annie Hall (Woody Allen, 1977) a Gorilas en la niebla (Michael Apted, 1988) o La tormenta de hielo (Ang Lee, 1997). 

En Luces rojas interpreta a una científica que viaja a la caza y captura de embaucadores profesionales, cuentistas, magos, videntes y demás trileros. Sólo que Cortés ha reclutado para interpretar a su cínico y acorralado rival a Robert De Niro, otro gigante flechado con la escritura sabia y libre del español. «Fue muy divertido trabajar con Bobby. ¿Qué puedo decirte de él? Mmm... Esto: aparte de un actor deslumbrante es un hombre amable, meticuloso y elegante.»

Imposible, en cualquier caso, no preguntar por Avatar (James Cameron, 2009): «Fue un placer, de verdad, porque Cameron ha desarrollado una tecnología que te permite rodar ciencia-ficción sin necesidad de usar esos malditos fondos verdes. 

Supongo que para cuando hagamos la segunda y tercera parte, que en principio se harán seguidas, le habrá dado otra vuelta a los efectos y será un rodaje aún más orgánico, si cabe». ¿Y Wall-E? ¿Cómo fue la relación con la gente de Pixar? «Los amo. Su triunfo ha liquidado muchas ideas preconcebidas... 

Recuerda que la primera media hora es puro cine mudo, Buster Keaton o Chaplin, para un público que en buena medida no conoce aquel cine glorioso. Hay que tener muy claro lo que haces y por qué lo haces para rodar una película casi muda en la que has invertido cientos de millones.»

Aunque el éxito llegara de la mano del cine, Weaver nunca ha abandonado sus raíces teatrales. Casada con el director Jim Simpson, juntos mantienen y regentan el teatro Flea de Nueva York, un caliente potaje de ideas en el que se foguea cada año una jauría de jóvenes talentos. «De hecho», apunta al periodista, «sería estupendo si algún día pudieras pasarte por allí y ver alguna de las funciones. 

Están bien hechas, son arriesgadas y sólidas, y ofrecen la oportunidad de intuir quienes serán los grandes intérpretes del futuro.» Interpretes no sabemos, pero entre los directores elegidos parece claro que figurará Rodrigo Cortés, cuya Luces rojas es ya una de las películas más esperadas.

09 febrero 2016

Belén Roca sobrina de Cela

Poco podía imaginar Manuel Longares que con su última obra, Las cuatro esquinas, iba a alzarse con el Premio Francisco Umbral al Libro del año en los primeros años de andadura, cuando dirigía el suplemento de libros del periódico y recibía las visitas del autor de Mortal y rosa, a quien le gustaba oler el ambiente de aquella primera redacción, sita en la calle Sánchez Pacheco, en el madrileño barrio de Prosperidad.

Cosas de la vida, del destino, de las afinidades literarias. Todo se ha conjurado para hermanar los nombres de estos dos seguidores del enorme afluente de la tradición literaria española y de las innovadoras vanguardias; de estos dos seres fascinados por los escenarios y atmósferas de Madrid. Una pasión en la que comparten viaje con otros autores de ayer y de hoy, desde Mesonero Romanos y Corpus Barga hasta Juan Eduardo Zúñiga, pasando por el Cela de La colmena y tantos otros.

Manuel Longares recibió ayer el galardón en un solemne acto celebrado en la Real Casa de Correos, sede de la Comunidad de Madrid. Un encuentro social y literario en el que una y otra vez asomó la complicidad. Umbral y Longares, Longares y Umbral, recorriendo juntos los lugares de la memoria, las atmósferas de una capital que transitaron a través de la ficción.

El director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, los aunó a ambos como fundadores del periódico, recordando aquellos inolvidables años en los que Longares dirigió el suplemento de libros, y repasó algunos artículos, extraídos del archivo, en los que el premiado se refirió al autor de Leyenda del César visionario como retratista de Madrid, de sus ambientes urbanos, de sus cotidianidades.

«El próximo mes de agosto se cumplirán cinco años de la muerte de Francisco Umbral y este acto, así como la reciente celebración de un Congreso Internacional, demuestran que su figura y su obra no han dejado de crecer. A ello tenemos que seguir contribuyendo muchas de las personas que él convirtió en personajes de su particular zoo literario», señaló, refiriéndose muy especialmente a Esperanza Aguirre.

«Yo veo que la presidenta de la Comunidad de Madrid se esfuerza en parecerse a la 'super Esperanza' de la que hablaba Umbral. Hasta Rajoy se ha empeñado en cumplir su augurio de convertirse en presidente del Gobierno», señaló. «Si la Fundación logra mantener esta línea de calidad del autor galardonado y de prestigio del jurado, no dudo que el Premio Umbral acabe siendo el Goncourt español», vaticinó Ramírez.

A la historiadora y catedrática Carmen Iglesias, presidenta del jurado que decidió que Las cuatro esquinas (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores) era el libro que merecía ser galardonado de la cosecha de 2011, correspondió glosar sus virtudes. Fue el suyo un discurso emocionado que reivindicó el papel de la literatura para llegar a esos espacios interiores, cotidianos, que no aparecen en los manuales de Historia.

«Longares está inmerso en la gran tradición del realismo. Con Las cuatro esquinas he revivido lecturas de mi primera juventud, obras de Max Aub, Arturo Barea o Ramón J. Sender», señaló, aludiendo a la conciencia histórica una y otra vez, «la conciencia de saber que somos herederos de unos antepasados, que la Historia está recorrida por el dolor y que, pese a ello, como decían los griegos, el hombre es más fuerte que el destino y es capaz de seguir adelante».

Iglesias atrajo los relatos de Las cuatro esquinas al espacio de la intrahistoria, rememorando las atmósferas de cada uno de ellos, en conjunto un viaje desde la posguerra a la España de hoy a través de cuatro estaciones. Se refirió al coste de la larguísima posguerra y al dilema entre vencedores y vencidos, entre verdugos y víctimas, temas que aparecen en estas narraciones de Longares.

«Franco murió firmando penas de muerte y esa historia nos ha marcado y sigue marcando el presente», dijo Carmen Iglesias. «Los relatos de Longares hablan de supervivencia, de miedo y de dolor, pero también hay humor y piedad», resaltó, refiriéndose a la capacidad del escritor para sacar a la luz esas heridas personales que no cambian el mundo, pero que sí pueden cambiar la vida de las personas.

La entrega del galardón se convirtió ayer en una celebración luminosa, aunque en gran parte de los discursos se colase la idea de la oscuridad de los tiempos que vivimos. A ello aludió Iglesias a través de su referencia a la capacidad del hombre para superar las tormentas y María España, la compañera de Umbral y presidenta de la Fundación que lleva su nombre, quien en el capítulo de los agradecimientos se refirió al apoyo de la la Comunidad de Madrid y de otras instituciones en momentos de recorte como los actuales.

Las turbulencias del presente fueron citadas también por el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle. «En estos tiempos difíciles es necesario volver al ámbito de la reflexión que nos propone Manuel Longares en sus relatos, aprender de los errores del pasado para no volver a repetirlos, darnos la oportunidad de construir una nación que no se resigne, que mire adelante y que vea en el futuro su propia razón de ser», dijo, emparentando al autor de obras como Romanticismo y La novela del corsé con Joseph Conrad por la capacidad de ambos para demostrar el desasosiego de lo cercano, el abismo de «lo inquietante que está en nosotros mismos».

Del «amor a Madrid como escenario y tema narrativo» en Umbral y Longares habló Esperanza Aguirre, quien alabó la labor de difusión que la Fundación Umbral hace del legado del escritor. A ese legado se refirió también Narciso de Foxá, alcalde de Majadahonda, quien recordó a su vecino ilustre, con quien tantas tertulias compartió. Su ayuntamiento estimuló el galardón en su fase anterior, cuando se valoraba una obra inédita.

Ayer fue el nacimiento de una nueva etapa que quedó sellada con una imagen. Esperanza Aguirre entregando la escultura en bronce de Alberto Corazón a Longares. Éste se limitó a dar las gracias y a rendir homenaje a su amigo, el editor y escritor Carlos Pujol, fallecido recientemente. El acto se cerró con una conversación a tres voces entre él, la catedrática Fanny Rubio y Fernando R. Lafuente, rsponsable de ABC Cultural. Asomaron, cómo no, Umbral y Madrid.

02 febrero 2016

Sonia Ferrer está operada

Formaban una pareja gloriosa: bellos, compenetrados, felices. Una visión olímpica, gracias a un físico tan afilado que casi traslucía los golpes del cincel. 

Sonia Ferrer (35 años), presentadora de televisión sin programa, y Marcos Vricella (39), cirujano plástico con lista de espera, se casaron en agosto de 2007 con la esperanza de que sería para toda la vida. 

Pero la vida tiene razones que el bisturí no entiende, y ni tan siquiera las artes reparadoras de Vricella han podido con el flechazo del mes (¿de la semana?) entre su casi ex y Álvaro Muñoz Escassi (39). Ha sido un trampolín, un trampolín a la fama, el detonante de una separación que, dicen, ya estaba anunciada. Y la química. Mucha química.

Poca ropa y cuerpos de infarto a gran altura son ingredientes más que suficientes para desatar los impulsos, más cuando el ex jinete metido a restaurador (casualmente acaba de inaugurar en Sanchinarro) anda por medio. 

El citado rompecorazones y la comunicadora no dudaron en exhibir su complicidad en forma de abrazos, achuchones y arrumacos mojados, dentro y fuera de la piscina de ¡Mira quién salta! (T5). El feeling en distintos grados de desnudez desató los comentarios y éstos propulsaron sendas separaciones que, en el caso de Sonia, será lo más discreta posible para realizar una transición que afecte lo menos posible a la hija que tiene con Vricella, de casi tres años.

Ella asegura que la decisión estaba tomada antes de que el cloro llegara a su vida y que sus íntimos la conocían de sobra. «No se toma una decisión así porque te cruces con alguien en un programa», ha explicado. De hecho, las únicas palabras directamente referidas al jinete y empresario que han salido de su boca se limitan a un lacónico «es un tío con el que me llevo muy bien». Sin embargo, es innegable el tirón de la pareja de saltos -jamás se habían visto en televisión dos cuerpos más perfectos- y lo mucho que sus polos, opuestos o no, se atraen. Salta a la vista.

Pese a lo que pueda parecer, el perfecto físico que luce la televisiva sirena no se debe a las artes de su próximamente ex marido. Al contrario. Ella misma confesaba a Magazine que era «muy incómodo que todo el mundo pensara que la había operado», y que, en realidad Marcos no quería «hacerle nada». «En casa del herrero, cuchillo de palo, que se dice...», comentaba ella. «No hace mucho me ha quitado tres lunares y me ha costado tres años que encontrara hueco para hacerlo. Y muchas veces le digo que quiero quitarme la cicatriz de la cesárea, pero él opina que está fenomenal y que se borrará con el tiempo: será que me la cosió él mismo».

Ferrer, sin embargo, revelaba que no le haría ascos a unos retoques que Vricella le negaba. «Yo cambiaría muchas cosas, pero Marco me dice siempre que esto no es Lourdes. ¡Nunca podré parecer nórdica! [risas] No soy contraria a la cirugía, pero con control. 

No sé si por haber madurado o por estar al lado de Marco, me he dado cuenta de que no es la solución a los complejos, ni mucho menos. Lo cierto es que ahora les doy menos importancia. Tiendo a usar menos maquillaje y a la naturalidad... Él me ha dado esa seguridad. En vez de convertirme en una obsesa de la estética, me ha centrado. En realidad, Marco es bastante conservador, y por eso yo nunca me haría unos pechos o una boca desproporcionada».

«Es que es joven y guapísima, no necesita mi ayuda», explicaba él. «Siempre hemos estado de acuerdo en que, si algún día quisiese hacerse algo, tendría que dejar un resultado muy natural en línea con un ideal de belleza nada artificial. Para mí, la belleza ideal en una mujer es un conjunto de proporciones y simetrías, de feminidad y elegancia. Por suerte para mí, encuentro todas estas características en Sonia». Corría el amor para la sirena y el cirujano, y nada ha trascendido acerca de cómo tal torrente ha podido terminar, sin intermediación de terceros, tan mermado.

Ante la radical ausencia de él de los medios de comunicación, sólo quedan las palabras de ella. De momento, Sonia Ferrer se limita a disfrutar de su recobrada popularidad con declaraciones puntuales o informaciones en diferido a través de periodistas amigos. Además, ya luce tipazo en actos promocionales en los que, otra vez, es requerida. De nuevo en órbita televisiva, no se sabe si el foco compensa pero, sin duda, anima.

Con un anillo valorado en más de 200.000 euros y una sonrisa tanto o más deslumbrante, la televisiva adornó el pasado jueves la presentación de una nueva firma de joyería. Ni confirmó ni desmintió su romance, pero admitió estar viviendo «el peor momento de su vida» y repitió que su hija era su «único y verdadero amor». Dicen que abandonó la presentación por un ataque de ansiedad, pero ella misma desmintió este extremo en Twitter. No estaba atacada. Sólo quería irse, cuanto antes, a casa.

Y... ¿enamorados? Sonia Ferrer y Marcos Vricella fueron portada de Magazine este agosto y contaron su testimonio como cirujano plástico y esposa, que no paciente. Se casaron en 2007 y tienen una niña de 3 años. Hoy están separados.